"EL COBRE ES CHILENO Y DEBE SER REFINADO EN CHILE" (Por Carlos Tomic E.)


PRÓLOGO DEL AUTOR

Hay que hacer algo. Nuestros recursos naturales nos ofrecen todas las oportunidades para trabajar arduamente en su fundición y refinación hasta exportarlos a nivel de materia prima: cobre metálico, oro y plata metálicos o metal doré. Es un imperativo para un ciudadano chileno de fines del siglo XX – y, también, del siglo XXI (**) – el asumir la responsabilidad de procesar al menos hasta un nivel elemental las riquezas minerales que la Naturaleza ubicó en nuestro territorio. Somos un país que exporta capitales de sus trabajadores a través de las carteras de la AFP. ¿Podemos pretender que no hay donde ubicar estos capitales dentro de la economía chilena? Este trabajo pretende dar una respuesta.
Nos aflige el desempleo, hemos perdido la brújula de la segunda fase exportadora y hemos perdido el impulso que traíamos de comienzos de los 90… y sin embargo la salida ha estado siempre frente a nuestros ojos. Desde todos los confines del mundo vienen a vernos, desfilan las autoridades públicas y privadas a negociar contratos de abastecimiento a largo plazo de materias subprimas sin procesar, y nosotros aceptamos este rol para nosotros: proveedores de submaterias subprimas, proveedores de empleos para ultramar, arrendadores de capacidad de fundición y refinación para el cobre, la plata y el oro chilenos sin refinar.
Hay que hacer algo. Sin ánimo de ofender a nadie, creo que hay que atreverse a decir en voz alta y clara que la falta de una política del cobre chilena es un error inexcusable que daña al pueblo de Chile, frena su desarrollo y limita injustamente sus posibilidades de conseguir empleo y ser viable humana, social y económicamente.
Hay que atreverse a decir que Cochilco está equivocada y que otras autoridades públicas también lo están. Los profesionales chilenos no debemos temer ni callar lo que observamos. Hay que atreverse a decir algo y hacer algo. Miles de nuevos puestos de trabajo están en juego. De nosotros depende contribuir a crearlos.

Esa es mi esperanza al escribir este trabajo.

Carlos Tomic E.

CAPÍTULO I
SITUACIÓN ACTUAL DE LA INDUSTRIA CHILENA DE FUNDICIÓN Y REFINACIÓN DE COBRE.

Chile exporta anualmente 1 millón de toneladas de cobre fino contenido en concentrados de cobre, equivalentes a 3 millones de toneladas de concentrados que se venden al exterior sin fundir ni refinar, y que son procesados en fundiciones y refinerías del extranjero, transformándolos en cobre electrolítico a cambio de importantes descuentos que se aplican al precio del cobre fino contenido.
Estos descuentos de precio que año a año Chile concede a terceros países, permiten crear miles de nuevos puestos de trabajo directos e indirectos en el extranjero y no en Chile permiten operar y ampliar año tras año las fundiciones y refinerías para concentrados chilenos ubicadas en el extranjero y no en Chile, permiten ampliar progresivamente las plantas de generación eléctrica que se instalan en el extranjero y no en Chile y finalmente, permiten realizar el proceso básico de fundición y refinación en el extranjero y no en Chile, completando de ese modo el trabajo que nosotros los chilenos dejamos a medias, debido a nuestra carencia de fundiciones y refinerías.
La situación anterior es tanto más chocante si se considera que nuestro país posee importantes ventajas comparativas para instalar y operar aquí las fundiciones y refinerías que tanta falta nos hacen, aspecto éste que analizaremos en detalle en el segundo capítulo de este trabajo, ya que resulta clave para fundamentar la solicitud que Chile revise a fondo la política con la cual está enfrentando la actual coyuntura del mercado mundial del cobre, caracterizada por una aguda baja del precio del metal, anuncios de despidos masivos en la mediana minería nacional y la paralización total de la pequeña minería.
Sin embargo, la situación que hoy vive nuestro país es apenas el preámbulo de aquello que deberá enfrentar en cinco años más, el 2003, puesto que en esa fecha entrarán en operación nuevos yacimientos de cobre y se ampliarán otros existentes, generándose excedentes adicionales de concentrados de cobre chilenos hasta alcanzar la gigantesca cifra de 2 millones de toneladas de cobre fino contenido, equivalente a más de 6 millones de toneladas de concentrados de cobre, que deberán exportarse forzosamente sin fundir ni refinar, en forma de graneles húmedos, debido a la insuficiente capacidad de las fundiciones y refinerías de cobre instaladas en nuestro país.
¿Qué costo paga el país por esta situación?
En 1998 Chile concedió descuentos en el precio de su cobre por la colosal suma de US$ 750 millones de dólares anuales sólo por tener dentro de su estructura productiva un gigantesco desequilibrio entre la capacidad de producción de concentrados de cobre y la capacidad de fundición y refinación necesaria para procesarlos. Esta suma equivale a desperdiciar el presupuesto total del país en el programa de construcción de viviendas básicas, que alcanza a US$ 734 millones de dólares anuales, y se aproxima al gasto total anual del sector público en salud, que en 1997 se elevó a US$ 917 millones de dólares.

Pero eso no es todo. Si Chile no actúa con prontitud y decisión para corregir este cuello de botella que perjudica seriamente sus ingresos por exportaciones de cobre, dentro de los próximos 4 o 5 años se verá forzado a conceder descuentos de precio equivalentes a US$ 1.500 millones de dólares anuales, una vez que se inicie la producción de concentrados proveniente de nuevos yacimientos, más las ampliaciones de otros ya existentes. Esto ocurrirá en el 2003, fecha en que estaremos desperdiciando ingresos equivalentes…¡¡al gasto total del país en construcción de viviendas básicas más el gasto anual del sector público en salud…JUNTOS!!
¿Es concebible continuar en esta parálisis?
¿Qué diría Aníbal Pinto, autor de “Chile un Caso de Desarrollo Frustrado”, en que hace presente que:”Si no prospera una política deliberada y persistente para promover la valorización de la producción exportable, y si no se vencen las dificultades propias de colocar productos más elaborados en el mercado exterior, se perfila para la minería chilena otro de los círculos viciosos del desarrollo económico de los países adolescentes, cual es la postergación del esfuerzo por fortalecer la estructura de sus exportaciones.”
Preciso es señalar que nuestro país paga adicionalmente otros costos indirectos por este desequilibrio entre capacidad de producción de concentrados de cobre y capacidad para fundirlos y refinarlos. Veamos.
En primer lugar, el país se priva a sí mismo de un importante acelerador de su economía que le permitiría dinamizar la actividad de industrias que prestan servicios complementarios a la fundición y refinación de concentrados, como son la industria de generación eléctrica, la industria bancaria y de seguros, la industria de la construcción, el transporte, los gasoductos, los puertos, la industria de subproductos de la fundición-refinación, las firmas consultoras de ingeniería, y muy particularmente, las Asociaciones de Fondos de Pensión, a las cuales nos referiremos más adelante.
Para ilustrar este punto, señalaremos que por el solo concepto de generación eléctrica, Chile deja de recibir inversiones por aproximadamente US$ 1.200 millones de dólares, que permitirían construir 5 centrales generadoras con una potencia total de 1.800 MW que se requieren para fundir y refinar los concentrados chilenos.
En segundo lugar, esta situación tiene un claro costo social en términos de empleo, dado que el déficit de fundiciones y refinerías de cobre en Chile, implica que el país se priva a sí mismo de miles de empleos directos e indirectos que son extremadamente necesarios en la etapa que vive actualmente nuestra economía, particularmente en las regiones que han sido más afectadas por la baja del precio del cobre, el cierre de la pequeña minería y la situación de desempleo consiguiente, como ocurre en las regiones I, II, III y IV del Norte, y, además, V y VI del centro de Chile.
¿Se aprecia la merma de dinamismo para la economía nacional?
En tercer lugar, el déficit de capacidad instalada de funciones y refinerías de cobre afecta a Chile porque el país no logra desarrollar en forma equilibrada e integral su minería y queda permanentemente sometido al pié forzado de tener que negociar acuerdos con empresas de terceros países, para que éstas fundan y refinen su cobre, si quiere llegar con él al mercado internacional.
Expliquemos este pié forzado con claridad.
Las Bolsas de Metales del mundo no consideran al concentrado de cobre como una mercancía o debido a que se trata de un granel húmedo de calidad muy heterogénea, con distintos contenidos de cobre, oro, plata y otros metales pagables y distintos contenidos de arsénico, vanidio, bismuto y otros elementos contaminantes según la mina de la cual provenga. El concentrado de cobre es algo similar a un cargamento de remolacha azucarera, que contiene distintas cantidades de agua, glucosa, etc. La materia prima, en este caso, será la azúcar refinada que cumpla un estándar de calidad internacional y sólo se dan a conocer precios internacionales para la materia prima azúcar refinada.
Lo anterior quiere decir que los concentrados de cobre no tienen categoría de materia prima para las Bolsas de Metales Internacionales, y por lo mismo no se transan en dichas Bolsas. Los metales refinados como oro, plata, cobre, aluminio, etc., son considerados materias primas y esto implica un pié forzado para Chile, pues al no disponer de suficiente capacidad de fundición y refinación para sus concentrados de cobre, debe contratar obligatoriamente con empresas extranjeras la transformación de su concentrado en lingotes o cátodos metálicos si quiere obtener un precio por el cobre, oro, plata y demás metales contenidos en él.
La pregunta obvia que se plantea un chileno con corazón de patriota es la siguiente: si tenemos un futuro de 30 o 40 años en que nuestras minas forzosamente continuarán produciendo millones de toneladas de concentrado anuales… ¿qué esperamos para refinarlos en Chile y exportarlos como materias primas reconocidas internacionalmente?
En cuarto lugar, la carencia de fundiciones de cobre implica que Chile deja de producir en el país tonelajes significativos de ácido sulfúrico, insumo indispensable para la propia industria cuprera nacional, el cual se utiliza como solvente en el proceso de electrobtención de cobre que utilizan los grandes yacimientos de La Escondida, El Abra, Radomiro Tomic, Doña Inés de Collahuasi, Mantos Blancos, Cerro Colorado y Lomas Bayas. Sin ácido sulfúrico, las plantas extractoras de cobre de estos yacimientos no pueden operar, y, por lo mismo, Chile ofrece al productor de este elemento una situación privilegiada como es el hecho de tener un mercado asegurado durante los próximos 30 años, con una demanda relativamente inelástica ante cambios de precio, y con una barrera natural a la importación del producto, como son los altos costos del transporte. Más aún, debido a las próximas ampliaciones previstas en las plantas de electrobtención, a partir del año 2003 se prevé que Chile enfrentará un déficit de 1.000.000 de toneladas anuales de ácido sulfúrico, el cual deberá importarse.
Pese a lo anterior, Chile hasta ahora no ha establecido una decidida y clara política de incentivar la instalación de fundiciones y refinerías de cobre en su territorio, y si esta situación se mantiene inalterada, el país se verá obligado a importar el ácido sulfúrico que de otra manera se habría obtenido como subproducto de la fundición y refinación de los concentrados de cobre chilenos.
En quinto lugar, resulta realmente patético considerar que Chile lleva varios años intentando canalizar fondos de las Asociaciones de Fondos de Pensión hacia la industria del cobre, pero ofreciéndoles, desgraciadamente hasta ahora, invertir en la parte más riesgosa del negocio minero, cual es la exploración y desarrollo de un yacimiento, en lugar de abrirles la posibilidad de invertir en la parte menos riesgosa, aunque también menos rentable en términos comparativos, como es la fundición y refinación de concentrados y la inversión complementaria de esta actividad como es la generación eléctrica que suministra energía a las refinerías.
Ya en esta etapa anticipo las objeciones que se harán en cuanto a que es fundamental tener asegurado el mercado para el cobre electrolítico resultante, y que antes de apoyar la inversión en nuevas fundiciones-refinerías ubicadas en Chile, es indispensable tomar en cuenta el vivo interés de diversos países (el más reciente es Singapur!!) por contar con contratos de abastecimiento de concentrados chilenos a largo plazo. ¿Qué buscan estos países? Crear dentro de ellos los puestos de trabajo que Chile hasta ahora no desea y, además, desarrollar un negocio rentable y seguro para sus capitales de largo plazo.
Dentro de este contexto no debe extrañarnos que nuestros vecinos argentinos estén tomando un rumbo totalmente diferente al seguido en Chile. El 20 de Julio de 1998, la Subsecretaría transandina de Minería dió cuenta del avance del programa que está impulsando para incorporar el máximo valor agregado a los concentrados argentinos provenientes de los yacimientos Bajo de la Alumbrera y Río Colorado, consistente en negociar con empresas internacionales, un programa destinado a dotar a Argentina de un moderno parque fundidor-refinador, el cual eventualmente podría abastecerse en parte, al menos en su etapa inicial, con concentrados de cobre chilenos. El 25/12/98 El Mercurio informó que a esa fecha las negociaciones con Mitsubishi y otras empresas se encontraban muy avanzadas y se orientan a decidir la ubicación definitiva del primer complejo de US$ 410 millones de dólares en el noroeste argentino, capaz de procesar 600.000 toneladas anuales de concentrados de cobre y transformarlos en 200.000 toneladas de cátodos electrolíticos.
¿Es realmente necesario que los argentinos nos den el ejemplo de visión estratégica en el manejo de la minería de cobre?
Demás está decir que deberíamos poner mucha atención a los contratos de abastecimiento de largo plazo que Chile decida negociar con las fundiciones argentinas, puesto que si en el futuro decidimos corregir nuestro error e incorporar nosotros el valor agregado en Chile, podemos encontrarnos con que no disponemos de suficiente abastecimiento de concentrados para nuestras propias fundiciones y refinerías, ya que no podríamos suspender unilateralmente las entregas a nuestros vecinos.
¡¡ Creo que es un gigantesco error respecto de los intereses estratégicos de largo plazo de la minería chilena!!
En sexto lugar, la exportación de concentrados de cobre húmedos al exterior impacta negativamente el precio que Chile recibe por sus exportaciones de cobre y la liquidez de las mismas.
En Junio de 1999 sólo 2 de cada 3 toneladas de cobre fino producidas en Chile se venden al precio internacional para cobre electrolítico que fija la Bolsa de Metales de Londres, actualmente de 60 a 65 centavos de dólar la libra; en tanto que la 3ª tonelada se vende como “discapacitada” a un precio que no supera los 40 a 45 centavos de dólar por libra de cobre fino contenido, debido a que se entrega contenida en 3 toneladas de concentrado húmedo, engorroso de manipular, y carente del valor agregado que le daría su fundición y refinación en Chile.
Esta situación no carece de antecedentes ni es nueva para los especialistas del mundo del cobre. El 24 de Agosto de 1994 El Mercurio publicó en su página editorial un artículo del ingeniero civil Alfonso Dulanto Rencoret, socio fundador y presidente de la empresa Refimet S.A., propietaria de la primera fundición de cobre ubicada en Antofagasta, en el cual se presentan con extraordinaria claridad varias de las ideas centrales contenidas en este trabajo, y se anticipan los costos que el país tendría que asumir por el hecho de carecer de una política clara y decidida de apoyo a la instalación de nuevas fundiciones y refinerías de cobre en nuestro territorio.
El tiempo le ha dado la razón a Alfonso Dulanto, puesto que desde la fecha de publicación de su artículo hasta hoy, el país ha destinado aproximadamente US$ 2.800 millones de dólares a arrendar capacidad de fundición y refinación en el extranjero, amén de ceder la gestión comercial directa con la cartera de clientes de cobre electrolítico chileno, y ceder en parte la gestión financiera con la banca y compañías de seguros internacionales así como la gestión operativa con los armadores internacionales, aspectos que conforman una base privilegiada para negociar reciprocidades comerciales que permitirían potenciar y dar nuevas perspectivas al sector exportador chileno.
Resumiendo este primer capítulo, creo que en 1999 los chilenos estamos cometiendo un tremendo error estratégico desde el punto de vista de nuestro desarrollo nacional, al dejar de ser un país exportador de materias primas, para pasar a ser un país exportador de sub materias primas, sin valor agregado elemental y sin ninguna perspectiva de servir de apoyo al desarrollo de nuestros recursos humanos, ni de nuestro ordenamiento territorial basado en regiones geográficas con distintos equilibrios económico-sociales, distinta densidad de población y distintas ventajas comparativas.

CAPÍTULO II
¿TIENE CHILE VENTAJAS COMPARATIVAS PARA INSTALAR Y OPERAR FUNDICIONES Y REFINERÍAS DE COBRE?

Las siguientes son las ventajas comparativas que ofrece Chile respecto de cualquier otro país que considere instalar fundiciones y refinerías de concentrados de cobre y metales preciosos.
1.- Economía de fletes terrestres y marítimos.- Para exportar una tonelada de cobre fino contenido en concentrados se requiere transportar algo más de 3 toneladas de graneles húmedos por ferrocarril o camión partiendo del yacimiento hasta el patio de acopio del puerto de embarque, de ahí llevarlo por correas transportadoras hasta la bodega del barco portador, viaje marítimo a puerto de destino, luego mediante grúas y correas se llevan a patio de acopio en puerto destino, de ahí se carga a carros de ferrocarril o camiones hasta canchas de la fundición donde se preparan las “camas” a fundir, y una vez fundido, se envía el cobre en forma de hojas madres por camión o ferrocarril hasta la refinería, y esta envía idem el cobre electrolítico a su cliente final.
Cuando se exporta el cobre en forma electrolítica, se despacha directamente al cliente final, ahorrando gran cantidad de fletes, tarifas de acopio, y peso muerto transportado y muestreado, equivalente a más de dos terceras partes del peso exportado.
En términos económicos, sin embargo, el ahorro de fletes marítimos que se obtiene al exportar cobre refinado es menor a los dos tercios de ahorro de transporte físico de graneles, por cuanto la tarifa de flete marítimo que se aplica al cobre refinado es 2 veces más alta que la tarifa para concentrados de cobre.
2.- Capital humano, tecnología y experiencia disponible en la operación de fundiciones y refinerías de cobre.- En Chile existe toda la tecnología de punta a nivel mundial tanto en diseño como en operación de fundiciones-refinerías de cobre, y también se cuenta con amplia experiencia en construcción de estas instalaciones y en dotación de personal calificado en operación. Esta es una gran ventaja para el inversionista internacional, no en balde Chile es el país con más tradición en el rubro de fundición-refinación de cobre, y el primero que operó un horno de reverbero en el mundo.
También Chile ofrece menores costos de mano de obra calificada, comparados con los que tiene este recurso en países más avanzados.
3.- Seguridad de abastecimiento de concentrados de cobre.- Por el momento esta no es una ventaja comparativa que nuestro país esté ofreciendo al inversionista internacional, no porque carezcamos de suficientes excedentes de concentrados de cobre, sino porque carecemos de una política definida de apoyo a la instalación de fundiciones y refinerías de cobre en nuestro país, aspecto que puede corregirse en breve plazo si se adoptan las medidas señaladas en el tercer capítulo de este trabajo.
Esta será una ventaja comparativa determinante a favor de Chile, cuando el país quiera asumir la gestión de su riqueza natural por excelencia.
4.- Ingresos por venta de ácido sulfúrico que se obtiene como subproducto del proceso de fundición, para el cual Chile ofrece un mercado prácticamente asegurado por 30 años, con una fuerte demanda que a futuro puede incluso sobrepasar la capacidad de oferta, relativamente inelástica al precio, y con barreras naturales como son el alto costo de transporte del ácido, más otros antecedentes que se indicaron anteriormente en el primer capítulo de este trabajo.
5.- Costos de generación de energía eléctrica.- Por el momento esta no es una ventaja comparativa que Chile esté ofreciendo a los inversionistas extranjeros, por cuanto aún las nuevas centrales de generación termoeléctrica a gas natural ubicadas en el Norte del país se encuentran en etapa de construcción y pruebas, sin embargo, tan pronto inicien su operación, la situación variará positivamente y la minería chilena en el Norte del país contará con un suministro confiable de energía eléctrica, generada a costos competitivos a nivel mundial.
6.- Otras ventajas variables:
6.1.- Economía de faenas de pesaje y muestreo de concentrados que se deben realizar a los graneles 2 veces, primero en origen y luego a la llegada al puerto de destino.
6.2.- Economía de mermas.-
6.3.- Economía de litigios, arbitrajes y defensa legal por diferencias de peso y muestreo.
6.4.- Economía de intereses financieros por capital inmovilizado y por pago final más tardío.
6.5.- Economía de tarifas y derechos portuarios.
6.6.- Economía de gastos de disposición de ácidos débiles y otros residuos de fundición en países donde es más caro disponer de estos desechos.
6.7.- Economía de seguros.- Para exportar una tonelada de cobre fino contenida en concentrados se requiere tomar pólizas de seguros internacionales por la responsabilidad civil que pudiere caberle al dueño de la carga ante daños a terceros provenientes de la manipulación de algo más de 3 toneladas de granel húmedo, altamente contaminante, que se caracteriza por ser un polvo que se vuela fácilmente con el viento y que puede contaminar otras cargas en el puerto o bien puede contaminar el mar junto al muelle de carga o en el puerto de destino durante las faenas de descarga del barco; también tiene la característica de escurrir por cualquier intersticio en la bodega del barco o en el piso del carro de ferrocarril o camión transportador, por lo que se requiere el uso de medidas de protección para el personal que lo manipula, etc.
Nada de esto ocurre cuando se trata de cobre metálico refinado, que no contiene impurezas y por lo tanto no contamina; tampoco contiene humedad ni compuestos ácidos y, por ende, no corroe los equipos utilizados en su carga y manipulación ni las bodegas del barco portador o los camiones de transporte.
En términos económicos, sin embargo, el ahorro de seguros al exportar cobre refinado en lugar de concentrados es pequeño debido a que la prima de seguros se calcula en base ad valorem y no toma en cuenta el riesgo de accidente por derrame de un producto altamente contaminante, como es el concentrado de cobre.

CAPÍTULO III.
ENTONCES… SI EXISTEN TANTAS VENTAJAS COMPARATIVAS EN CHILE… ¿POR QUÉ NO SE HAN INSTALADO LAS FUNDICIONES Y REFINERÍAS QUE HACEN FALTA PARA PROCESAR LOS EXCEDENTES DE CONCENTRADOS?

Las causas por las cuales no se han instalado en Chile las fundiciones y refinerías de cobre que el país necesita para incorporar valor agregado a sus concentrados son las siguientes:
1.- La falta de una política gubernamental clara que impulse esta actividad.
2.- La existencia de aranceles en Norte y Sur América y en Asia que desincentivan ubicar fundiciones-refinerías de cobre en Chile.
3.- La relativa menor rentabilidad que ofrece la fundición-refinación de cobre en Chile comparada con la rentabilidad que ofrece la producción de concentrados.
4.- La relativa volatilidad de los ingresos tipo “spot” de esta actividad.
5.- Las inversiones relativamente grandes que requieren estas instalaciones.
6.- La existencia de algunos abusos que anulan en parte las ventajas comparativas de Chile.
Analicemos cada una de estas causas:
1.1- La falta de una política gubernamental clara que impulse esta actividad .
Cuando un inversionista analiza la alternativa de invertir en una fundición-refinería ubicada en Chile o bien ubicada en el exterior, está evaluando alternativas que compiten entre sí en el largo plazo y, por lo tanto debe considerar las políticas que aplica el gobierno del país huésped de su inversión en el largo plazo, que son decisivas para los resultados de su negocio.
El inversionista internacional conoce, por ejemplo, las políticas que aplican los gobiernos de países como Argentina, Brasil y México, que se esmeran en ofrecer los mejores apoyos y garantías a las firmas automotrices internacionales que decidan instalar una fábrica de autos en su país. El inversionista también conoce la política que aplica el gobierno de EE. UU. que se involucra de manera similar, solicitando la instalación de plantas automotrices japonesas en territorio norteamericano, bajo amenaza de represalias económicas en caso negativo.
En estos países la autoridad pública participa activamente en la decisión de dónde ubicar estas megafuentes de trabajo, desde el nivel del Presidente de la República, gobernadores de Estados, gobernadores de provincia, senadores, diputados e inclusive alcaldes de ciudades, en una competencia por obtener que una ciudad sea preferida en lugar de otra, a fin de recibir los beneficios de la creación de nuevos empleos directos e indirectos y de dinamización de la economía local.

En Chile el inversionista que evalúa instalar su fundición-refinería en el país, debe esforzarse por obtener apoyo de la autoridad, puesto que por una parte existe insuficiente información sobre el impacto que tiene esta decisión para la economía regional o local, y por otra, la opinión pública chilena guarda experiencias negativas de la instalación de megaplantas, algunas de las cuales operaron durante décadas con grave descuido ambiental, tales como la refinería de Ventanas en Puchuncaví, la fundición de Caletones, la planta de cemento en La Calera, las plantas pesqueras en Iquique, la refinería de Concón, etc.
Hasta esta fecha la opinión pública chilena carece de suficiente información sobre los frutos positivos de la instalación de estas megafuentes de trabajo, y más bien retiene la imagen negativa que ellas son siempre sinónimo de descuido ambiental y, por lo tanto, de pérdida de calidad de vida.
Imagínese el lector que un consorcio formado por la ENAMI, las AFP y los Trabajadores del Cobre plantearan a la autoridad construir un complejo fundidor-refinador en Los Vilos para procesar los concentrados de Pelambres y más adelante los concentrados de Pachón, yacimiento ubicado en Argentina a 5 kms. de nuestra frontera.
Este complejo aprovecharía las ventajas de esa ubicación estratégica, y tendría un enorme impacto positivo en el empleo y la economía de la IV Región, pero sin duda que para hacerlo realidad, la autoridad pública chilena tendría que involucrarse para atraer a los mineros argentinos del yacimiento Pachón instándolos a fundir sus concentrados en la fundición-refinería de Los Vilos, y aquí surge la incertidumbre para el inversionista, al constatar que la autoridad pública chilena no está suficientemente informada ni motivada para involucrarse en la forma como lo hacen las autoridades de otros países.
¡¡ Dios quiera que los argentinos no estén decidiendo en estos meses instalar su complejo de fundición-refinería próximo a El Pachón, y luego de efectuar una vigorosa campaña ante los accionistas chilenos de Pelambres, nos hagan asistir al terrible espectáculo de que una parte de los concentrados chilenos se envíen a fundir y refinar en el complejo argentino ubicado adyacente a Pachón!!
No sería justo dejar al lector la impresión que en Chile nunca se han aplicado políticas gubernamentales claras que apoyen la decisión de instalar industrias estratégicas en el país. Sostener una causa así sería falso además de injusto. Tampoco se quiere argumentar que nunca se ha dado apoyo a la industria de fundición-refinación de concentrados de cobre o a la industria manufacturera de cobre refinado.
Eso equivaldría a ignorar el esfuerzo de chilenos visionarios como Hernán Videla Lira, Hugo Zepeda, Jorge Alessandri Rodríguez, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende**, Radomiro Tomic y otros, que antes de 1973 se esforzaron en crear un marco legal que permitió la inversión en la Industria Nacional Manufactoradora de Cobre, y antes dió nacimiento a la Enami. En apenas una década esa legislación permitió surgir a empresas como Madeco y Cocesa, por nombrar sólo 2, que se desarrollaron hasta encontrarse en la actualidad elaborando 50.000 toneladas anuales de cobre electrolítico con altísimo valor agregado, en calidad y precio que les permite competir a nivel internacional, particularmente en el Mercosur.
He ahí la importancia de unir criterios visionarios con una legislación que sin otorgar ningún tipo de subsidios, dió la seguridad a los inversionistas que contarían con abastecimiento de cobre electrolítico en condiciones de mercado, a niveles de precio de largo plazo, y esto les permitió consolidar sus actividades sin exponerse a bruscas fluctuaciones de precios “spot”, que afectan el abastecimiento de materia prima y pueden llevar a la quiebra a una empresa por problemas propios de una coyuntura de corto plazo.
1.2.- La falta de una política gubernamental clara que impulse la sinergia entre productores chilenos de concentrados de cobre y fundiciones-refinerías de cobre en Chile.
Ilustremos este punto con un ejemplo.
En la década del ’60 el gobierno de Japón se propuso vigorizar sus líneas navieras a fin de tener un vehículo confiable para exportar sus manufacturas al mundo e importar las materias primas necesa-
rias para su economía. Por su parte el sector privado japonés se organizó en conglomerados de empresas llamados zaibatsus
El gobierno japonés y los zaibatsus impulsaron, entre otras medidas, la compra de concentrados de cobre producidos en la mina Andina, para su fundición y refinación en Japón, y aportaron financiamiento para desarrollar este yacimiento obteniendo a cambio la entrega segura de concentrados de cobre libres de impurezas, por un período de 20 años.
Japón potenciaba simultáneamente varias industrias complementarias entre sí: la industria naviera, la industria de fundición-refinación, la industria de seguros internacionales, la banca japonesa internacional, la industria de generación eléctrica japonesa, los puertos y finalmente impulsaba el desarrollo de compañías que se harían cargo de prestar múltiples servicios complementarios a esta industria como, por ejemplo, la ejecución de análisis físico-químicos a los concentrados, pesaje, muestreo, arbitrajes, refinación de metales preciosos contenidos en los concentrados y otros metales pagables, etc.
Para que este esquema comercial fuera estable durante 20 años, se requería que todas las empresas intervinientes lograran condiciones comerciales de equilibrio en el largo plazo. Esto implicaba que si se producía una distorsión en las tarifas de un determinado sector, existía una cláusula contractual que permitía restablecer el equilibrio inicial, de manera de aplicar tarifas y precios de largo plazo y no reflejar distorsiones imprevistas. También se requería sinergia entre las empresas de manera de asegurar su supervivencia en el largo plazo, y esto se obtenía actuando con sentido de interés de grupo, es decir, la compañía de seguros que aseguraba los concentrados, daba una prima conveniente al propietario de la flota marítima por el seguro de los barcos, y éste entregaba el manejo de su cuenta al banco que financió la operación de compra de los concentrados, etc.
Naturalmente el gobierno japonés ayudaba como tercero imparcial a la sana convivencia del grupo en el largo plazo.
El inversionista que evalúa instalar una fundición-refinería en Chile debe analizar y comparar hasta que punto nuestro país ofrece la sinergia que ofrecen otros países más avanzados como Japón.
En Chile se observa actualmente una situación que afecta a Codelco y Enami, dos empresas que pertenecen a un mismo dueño, el Estado chileno. En el caso de Codelco, acaba de completar el plan de expansión de la mina Andina, aumentando significativamente su producción de concentrados de cobre, los cuales están comprometidos con mucha anticipación para su fundición y refinación en el extranjero. La otra empresa propiedad de todos los chilenos, Enami, atraviesa una difícil coyuntura debido a la carencia de concentrados de cobre para mantener sus instalaciones a plena carga, lo cual a su vez se debe al cierre de minas de la pequeña y mediana minería como consecuencia del bajo precio del cobre, y esta situación acarrea a Enami un puntual desfinanciamiento de sus operaciones que pone en riesgo su viabilidad económica de largo plazo.
No se trata de argumentar que Codelco debiera entregarle concentrados a Enami y desconocer sus contratos con clientes internacionales, pero se trata de señalar que las políticas comerciales de estas 2 grandes empresas no marchan coordinadas, no se aplican criterios de sinergia en el largo plazo, no existen cláusulas de escape que consideren las coyunturas que afectan a una de ellas, etc. La opinión pública y el inversionista extranjero observan a la autoridad pública chilena implementando una política de extremo corto plazo ordenando a Enami ¡¡suplir su déficit con la venta de sitios, terrenos y propiedades!!
El inversionista que evalúa instalar una fundición-refinería en Chile se pregunta: ¿Qué sinergia existe entre las empresas de manera de asegurar su supervivencia en el largo plazo, y que sentido de interés de grupo e interés nacional se aplica?¿Qué criterio guía la actual política gubernamental respecto de la incorporación de valor agregado a una materia subprima?¿Qué seguridad de contar con abastecimiento de concentrados ofrece Chile a una fundición-refinería de cobre instalada en su territorio, dada la actual política que aplica la autoridad pública nacional?
Esta es otra razón que explica la costosa carencia de fundiciones y refinerías de cobre en nuestro país.
2.- La existencia de aranceles en Norte y Sur América y en Asia que desincentivan ubicar fundiciones-refinerías de cobre en Chile.

La aplicación de aranceles en mercados internacionales importantes de Asia, como Japón, Corea, Indonesia e India y de América, como EE.UU. y Brasil, gravan específicamente la importación de cobre refinado y entregan un incentivo económico artificial, de origen político, a sus inversionistas para que no encuentren ninguna ventaja en instalar en Chile fundiciones y refinerías.
Efectivamente, si instalan una fundición-refinería en Chile, descubrirán que si requieren enviar partidas de cobre electrolítico a clientes de EE.UU. o Japón, deben pagar un arancel a los gobiernos de esos países, arancel que habrían podido evitar si hubieran instalado la industria en territorio de EE.UU. o Japón.
Naturalmente este es un factor que desincentivan a cualquier inversionista norteamericano o japonés que esté pensando instalarse en Chile, pero además desincentiva, aunque en menor grado, a los inversionistas europeos, australianos o canadienses, puesto que para ellos el efecto práctico de estos aranceles es de limitar en forma importante la flexibilidad de mercados que enfrentará su fundición-refinería de cobre, si la ubican en Chile.
Esta es otra forma, si bien más anticuada, que utilizan las autoridades públicas de los países más avanzados para influir en la decisión de los inversionistas internacionales y obtener la ubicación de estas magafuentes de trabajo dentro de sus economías locales.
3.- La relativa menor rentabilidad que ofrece la fundición-refinación de cobre en Chile comparada con la rentabilidad que ofrece la producción de concentrados.

Actualmente es más rentable para el propietario de un yacimiento en Chile producir concentrados de cobre que cobre electrolítico. Esto se debe no sólo al hecho que el concentrado de cobre está libre de aranceles, sino a otros factores adicionales como los siguientes:
La comparación de precios entre exportar cobre refinado y exportar concentrado de cobre que hace el productor de concentrados es aproximadamente la siguiente:

A pesar de que la comparación de precios de los 2 tipos de cobre hace parecer más conveniente exportar cobre electrolítico, intervienen otros factores que dan vuelta la situación a favor de producir concentrados. Entre ellos mencionaré los siguientes:
- Si un propietario de yacimiento dispone de digamos US$ 800 millones de dólares, puede decidir gastar US$ 400 millones de dólares en la mina hasta etapa concentradora y US$ 400 millones de dólares en una fundición-refinería.
- Digamos que decide gastar US$ 400 millones de dólares en la mina y US$ 400 millones de dólares en la fundición-refinería, y supongamos que con los US$ 400 millones dólares, su mina queda en condiciones de producir 600.000 T.M. anuales de concentrados de cobre de 30% de Cu fino los cuales lleva a su fundición-refinería y los transforma en 180.000 T.M. de Cu electrolítico.
- En esta configuración el propietario del yacimiento obtiene un valor de producción equivalente a
180.000 T.M. x US$ 0,65 ctvs. por lb.= US$ 1.432 por T.M.=US$ 258 millones de dólares anuales.
- Supongamos ahora que el propietario decide invertir los US$ 800 millones de dólares en producir concentrados y que economías de escala, al duplicar la inversión, logra triplicar la producción de concentrados. En este caso si bien él está inundando el mercado (más o menos lo que sucede con los salmoneros cuando lanzan la producción al máximo) lo más probable es que como individuo va a obtener un mayor valor de producción anual:
1.800.000 T.M. al 30% de Cu fino = 540.000 T.M. de Cu fino contenido a US$ 0,45 ctvs. por lb. = US$ 991 por T.M. = US$ 535 millones de dólares anuales.

La lógica del productor es que en la medida que su mina sea de costos bajos, el mercado se va a ir regulando solo, a medida que otros mineros ya sea en Chile o en terceros países con minas menos buenas, se vean obligados a cerrar por anti-económicos.
El problema es que nivel del interés de Chile, esta estrategia es mediocre, pues cuando se declara una guerra de productores, pues cuando se desata una guerra de productores, el que sale ganando es el consumidor (¿recuerda el lector la guerra de las compañías telefónicas en larga distancia?)… y aquí al revés de lo que ocurre con los teléfonos, o con los salmones, las minas se van agotando y haciéndose cada vez más profundas y costosas, y a los 20 años muchas se extinguen… para siempre, y cuando eso sucede, nunca más se puede ajustar la estrategia comercial para maximizar el ingreso como país productor de cobre.
Sin embargo para el propietario de un macro-yacimiento de cobre chileno las alternativas están muy claras: maximizar la rentabilidad para sus accionistas destinando el total de su inversión al desarrollo del sector mina hasta planta concentradora, lo que le permite producir grandes volúmenes de concentrados, aprovechando las enormes economías de escala que permiten los yacimientos chilenos, aptos para una explotación abierta con tecnología de punta y un nivel de empleo relativamente reducido, y apoyado además en depreciaciones aceleradas que permiten en definitiva asegurar bajos costos y desplazar a otros mineros de la pequeña y mediana minería.
La segunda alternativa para el propietario de un macro-yacimiento chileno es menos rentable: destinar parte de su inversión a instalar una fundición-refinería con lo cual el accionista obtiene una rentabilidad comparativamente menor, a un nivel de riesgo comparativamente mayor, dado que operar una fundición-refinería es más complejo que limitarse a extraer mineral y concentrarlo.
Esta es otra razón que explica la costosa carencia de fundiciones-refinerías de cobre en nuestro país.
4.- La relativa volatilidad de los ingresos tipo ‘spot’ de esta actividad.

Los ingresos de una fundición-refinería de concentrados de cobre, están constituidos en su mayor parte por los cargos de tratamiento y refinación que se acuerdan con los propietarios de los concentrados, y estos cargos o tarifas se caracterizan por ser de tipo ‘spot’ o bien de largo plazo, según si la tarifa refleja las condiciones vigentes en el mercado en un momento dado o bien las condiciones de largo plazo.
Puesto que se trata de un negocio a largo plazo, la industria de fundición-refinería de concentrados de cobre requiere negociar por anticipado una parte importante de su capacidad de producción (80 a 90%) en contratos de largo plazo, en los cuales se acuerdan tarifas de fundición y refinación que sólo pueden variar dentro de un rango o banda máxima, con el fin de reducir el riesgo de fluctuaciones importantes en sus ingresos ante sucesos como conflictos en el Golfo Pérsico y otros de naturaleza similar que afectan la demanda de cobre electrolítico o distorsionan la oferta de concentrados de cobre o ambas cosas.
Sin embargo, para negociar contratos de largo plazo, una fundición-refinería requiere contar, entre otras cosas, con un amplio prestigio técnico frente a los principales clientes mundiales de cobre electrolítico, prestigio que se logra en base a calidad del cobre refinado y también a la puntualidad de las entregas, ya que los clientes aplican el sistema de abastecerse “justo a tiempo”.
Pero un buen prestigio técnico no es por sí sólo suficiente para negociar contratos de largo plazo, también se requiere contar con un posicionamiento comercial atractivo a los ojos del cliente final, que en la mayoría de los casos pertenecerá a la industria automotriz mundial, o a la industria eléctrica o de fabricación de cañerías y planchas de cobre.
La fundición-refinería de Chuquicamata, por ejemplo, tiene la marca de calidad “CCC” para su cobre electrolítico, pero además cuenta con el respaldo de Codelco que demanda importantes cantidades de equipos y servicios industriales, y además es ampliamente conocida en los medios bancarios y financieros mundiales, todo lo cual lleva a que a igualdad de condiciones, el cliente norteamericano, europeo o asiático tenderá a preferirla antes que a una fundición-refinería no relacionada con el cliente.
Esta es la razón por la que en Chile los grupos económicos privados que han intentado construir una fundición-refinería, optan por incorporar en el equipo de inversionistas un representante de un conglomerado industrial europeo, asiático o norteamericano que les asegure la colocación del cobre electrolítico resultante y, por consiguiente, les permita negociar tarifas de largo plazo.
Tal es el caso del proyecto “Fundición del Pacífico” que incorporó un socio belga, el proyecto Endesa en que participó Outukumpu, y el proyecto Refimet que construyó una fundición en Antofagasta y posteriormente la vendió al grupo Noranda.
Tener prestigio técnico y amplio posicionamiento comercial son requisitos necesarios pero no suficientes para que una fundición-refinería pueda negociar en forma anticipada una parte importante de su capacidad de producción a largo plazo. Se requiere contar además con un abastecimiento seguro de concentrados de cobre a largo plazo y aquí es fundamental contar con el apoyo del gobierno de Chile, en un rol de facilitador de acuerdos con los productores de concentrados.
Aquí debemos reiterar lo indicado anteriormente respecto de la labor de chilenos visionarios como Hernán Videla Lira, Hugo Zepeda, Jorge Alessandri Rodríguez, Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic, Salvador Allende Gossens** y otros, que se esforzaron en crear un marco legal que permitió la inversión en la Industria Nacional Manufactoradora de Cobre, y antes dió nacimiento a la Enami.
Si aplicáramos nuevamente esos criterios visionarios y los uniéramos a una legislación que sin otorgar ningún tipo de subsidios, dé la seguridad a los inversionistas que contarán con abastecimiento seguro de concentrados de cobre en condiciones de mercado, en contratos de largo plazo, estaremos permitiéndoles negociar en forma anticipada una parte importante de la capacidad de fundición-refinación de sus instalaciones, reduciendo el riesgo de que imprevistos en el abastecimiento de materia prima pueda llevarlos a declarar fuerza mayor en las entregas de electrolíticos a sus clientes e incluso a la quiebra de la fundición-refinería por problemas propios de una coyuntura de corto plazo.
Si por el contrario, no aplicamos estos criterios, el inversionista llegará a la conclusión que deberá negociar mayormente a precios “spot” o de corto plazo, y eso quiere decir que sus ingresos serán volátiles.
Esta es otra razón que explica el costoso déficit de fundiciones y refinerías de concentrados de cobre que resulta tan dañino para los intereses estratégicos de largo plazo del país.
5.- Las inversiones relativamente grandes que requieren estas instalaciones.

En el capítulo I señalamos que Argentina invertirá US$ 410 millones para construir un parque fundidor-refinador con capacidad de procesar 600 mil toneladas/año de concentrados de cobre y transformarlos en cátodos electrolíticos.
Proyectando esta inversión al caso chileno, el país tendría que invertir US$ 4.100 millones para procesar 6 millones de toneladas/año de concentrados a partir del año 2003. A eso habría que agregar la inversión de US$ 1.200 millones adicionales de centrales generadoras de energía eléctrica para abastecer las refinerías electrolíticas. Un total aproximado de US$ 5.300 millones.
Se trata de una cifra mayor, equivalente a 2 y media veces la inversión en la doble vía de La Serena a Puerto Montt, pero que permite ir avanzando por etapas, siempre que se respete el tamaño mínimo que debe tener la fundición-refinería para ser competitiva, que es del orden de 400 mil toneladas/año de concentrados.
6.- La existencia de algunos abusos que anulan en parte las ventajas comparativas que ofrece Chile.
6.1.- Abusos derivados de la insuficiente consolidación de la actual legislación minera chilena.
La actual legislación minera chilena adolece de vacíos que dan pié a abusos consistentes en aceptar el financiamiento requerido para desarrollar un yacimiento admitiendo exigencias excesivas del financista, tales como la entrega de contratos de venta de concentrados a largo plazo en términos relativamente malos, o la contratación de servicios de ingeniería con empresas internacionales que cobran precios muy exagerados o bien la contratación de costosos royalties por la utilización de procesos patentados en el exterior, que encarecen artificialmente la etapa desarrollo del yacimiento con la consiguiente minimización de la tributación para el país.
¿Cuál es el origen de estos vacíos legales?
El origen de ellos proviene de la forma como se gestó la legislación minera chilena actual, que surgió como una respuesta a una necesidad ineludible que tenía el gobierno militar de atraer inversión extranjera para sobreponerse a la crisis económica de 1982 y activar la economía nacional y decidió que una manera de “abrir el tapón” a la llegada de nuevas inversiones era atraer un inversionista importante al sector de la minería.
A partir de 1983 el gobierno militar inició gestiones para atraer inversionistas extranjeros que desarrollaran el yacimiento Escondida, y como resultado de estas gestiones, le encomendó a un grupo encabezado por el economista José Piñera preparar una legislación minera que se ajustara a este propósito.
La legislación resultante se elaboró entre 4 paredes, se aprobó sin debate y tuvo como objetivo central el incentivar la inversión extranjera en el yacimiento Escondida, considerado de tal importancia por el gobierno militar, que se redujo fuertemente la inversión inicial requerida para este proyecto encomendándole a Codelco hacerse cargo de la inversión eléctrica requerida. La legislación incluyó, además, normas tales como la reserva para las Fuerzas Armadas del 10% de las ventas de Codelco, etc.
¿En qué medida esta situación influye en la decisión de un inversionista que evalúa la alternativa de instalar una fundición-refinería de cobre en Chile?
El inversionista extranjero debe analizar, antes de adoptar su decisión, el marco legal que regirá su inversión durante los próximos 30 años, y obviamente le surge la pregunta de qué va a ocurrir con ella y sus normas “hechas a la medida” cuando la influencia del gobierno militar deje de tener peso en la política nacional, situación que inevitablemente ocurrirá tarde o temprano, aún cuando estas normas tienen “rango constitucional” y su modificación exige quorums muy elevados.
No se trata de dar al lector la impresión de que en Chile existe el riesgo de un cambio radical en la legislación minera y que esto desincentiva al inversionista extranjero. Sostener una cosa así sería falso además que torpe. Tampoco se quiere argumentar que por temor a la desaparición del general Pinochet un inversionista internacional vaya a dejar de instalar una fundición-refinería de cobre en Chile.
Lo que se argumenta es que la legislación minera chilena actual tiene vacíos importantes, y que estos vacíos tarde o temprano serán revisados y una serie de normas serán modificadas, y esto hace que nuestro marco legal de largo plazo aparezca a los ojos del inversionista como menos consolidado o menos definitivo que el marco legal de otros países que compiten con el nuestro por ubicar estas instalaciones, como es el caso de Canadá, EE.UU., Japón y otros cuyas normas legales han sido ratificadas por sus respectivos Parlamentos.
6.2.- Abusos derivados de la insuficiencia de medios para controlar el peso y porcentaje de humedad de los concentrados exportados.
Otra distorsión que anula en parte las ventajas comparativas que ofrece Chile al inversionista que decide instalar su fundición-refinería en nuestro territorio, proviene de la precariedad de sistemas utilizados en los puertos chilenos para controlar el peso, humedad y leyes de los concentrados exportados.
En el capítulo II se indicó que una de las ventajas comparativas que se obtiene al instalar una fundición-refinería en nuestro territorio es que al fundir y refinar acá, se evitan las mermas en el peso de los concentrados exportados, que pueden llegar al 0,5% de su peso total y, además, se evitan otros gastos por arbitraje y litigios judiciales en el extranjero ante una eventual discrepancia entre los pesos, leyes y especialmente el porcentaje de humedad de los concentrados declarados por el Vendedor y aquellos que el Comprador declara haber recibido efectivamente.
Esto en la práctica no ocurre así, debido a que resulta sumamente costoso y engorroso muestrear el peso, humedad y leyes de metales pagables de un cargamento de concentrados una vez que estos son
descargados en patio de acopio portuario. En la práctica se hace fé de lo que indica el propietario de los mismos.
¿Qué mermas puede ahorrarle a Chile una fundición-refinería instalada aquí, si en la práctica los puertos chilenos no disponen de los medios suficientes para controlar el peso, humedad y contenidos pagables de los concentrados exportados, incluyendo el caso de los concentrados de oro y plata?
¿Qué funcionario de aduanas con los recursos disponibles en puerto va a objetar el porcentaje de humedad promedio que indica el manifiesto de carga de un concentrado?
Obviamente para el exportados de concentrados, la situación arriba descrita representa una flexibilidad extremadamente atractiva, que existe sólo mientras se exporten graneles húmedos, ya que si se refinan los concentrados en el país, esta flexibilidad desaparece junto con el renglón “porcentaje de humedad”, quedando el cobre, la plata y el oro en lingotes o cátodos metálicos, carentes de humedad y, por lo mismo, fácilmente controlables.
Estos abusos deben ser eliminados como requisito previo para que los actores privados directos tomen su decisión de inversión en fundiciones y refinerías ubicadas en Chile, basándose en las ventajas comparativas reales que ofrece el país.

CAPÍTULO IV
PROPUESTA CONCRETA DE ACCIÓN

La elaboración de una propuesta concreta de acción tomará algún tiempo adicional, y debe ser realizada de la manera más ecuménica posible, es decir, contando con la participación de todos los actores que juegan un rol en la industria de fundición-refinación de concentrados de cobre; el país necesita que todos participen, sin excepción. Como un prólogo a este capítulo presentaré en forma esquemática las siguientes proposiciones preliminares.

1.- Invitar a los actores que intervendrán en la próxima etapa del desarrollo minero de Chile, a negociar las condiciones para crear una moderna industria de fundición y refinación en el país. Entre estos actores los principales son: la autoridad chilena, las empresas mineras establecidas en nuestro país y las empresas de fundición y refinación internacionales.

2.- Estudiar y aplicar incentivos para hacer atractiva la inversión en fundiciones-refinerías en nuestro territorio y abandonar la política de exportar graneles húmedos sin valor agregado, con descuentos de precios que en ocasiones llegan a ser muy elevados, pagando además un alto costo por la no generación de nuevos empleos, el menor dinamismo de la economía nacional y menor independencia para defender nuestros intereses estratégicos de largo plazo como nación.

3.- Iniciar negociaciones con aquellos países que han establecido aranceles a la importación de cobre refinado; aranceles que obviamente desincentivan a los inversionistas internacionales a instalar fundiciones y refinerías de cobre en Chile, buscando su eliminación, o de lo contrario Chile debería contrarrestar dichos aranceles con impuestos a la exportación de concentrados de cobre sin refinar, en coordinación con otros países productores de concentrados.

4.- La Comisión Chilena del Cobre debería señalar un calendario que indique a partir de qué año se deben reservar concentrados de cobre para su fundición y refinación en Chile. Esto es importante por cuanto actualmente existen contratos de largo plazo de exportación de concentrados de cobre que se van venciendo, y si no se reservan estos tonelajes para su fundición y refinación en Chile, se renuevan automáticamente por períodos más o menos prolongados, con la consiguiente escasez de concentrados para el fundidor nacional.
Si no hay una autoridad que esté atenta a esta disponibilidad, se pasa la oportunidad de desahuciar los contratos o de reducir el plazo de su renovación.

5.- Los Ministerios de Minería y del Trabajo deberían colaborar en la elaboración de un estudio sobre creación de nuevos empleos directos e indirectos provenientes de la construcción del nuevo parque fundidor-refinador que el país necesita para fundir y refinar 6 millones de toneladas anuales de concentrados. El autor recogió diversas estimaciones que van desde 15.000 hasta 60.000 nuevos puestos de trabajo creados durante la construcción y operación de 10 nuevas fundiciones de 600.000 toneladas anuales cada una y sus correspondientes nuevas refinerías o ampliación de algunas existentes.

Esto es un factor de enorme importancia para la sociedad chilena.

Atentamente,


Carlos Tomic E.

AGRADECIMIENTOS Y COMENTARIOS

Deseo agradecer la colaboración de todas aquellas personas que accedieron compartir conmigo sus conocimientos, experiencias, antecedentes e inquietudes sobre los diversos tópicos que se analizan en este documento. En esta oportunidad no daré sus nombres pues se trata de una extensa lista, pero les mantendré oportunamente informados de la suerte que le toque correr al presente trabajo.
Pese a lo anterior quiero destacar mis agradecimientos a los geólogos señora María Francisca Falcón H. y señor Orlando Rivera H. por la información que tuvieron a bien proporcionarme, con el único propósito de cooperar en una iniciativa de interés de todos los chilenos.

El Autor


Junio de 1999.






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